sábado, 28 de agosto de 2010

El peor oficio del mundo.

Soy camarógrafo. Ya sé seguramente esperaban que dijera que soy empleado de la morgue, inspector de fosas sépticas o hago inseminaciones artificiales a vacas, pero no. Y ahora que lo pienso tampoco es el peor oficio del mundo, pero es un buen titulo.

Ser camarógrafo, siempre refiriéndose a eventos sociales tales como bodas y fiestas de 15 años, conlleva una vestimenta adecuada a la ocasión (nada de jeans y remeras, necesitas una buena camisa, pantalón de vestir, zapatos y corbata), estar atento a lo que pasa en la fiesta para no perderte ningún momento especial, ser muy buena onda y servicial, y por sobre todas las cosas, tener la paciencia de un santo… con estigmas.

El asunto de la paciencia está ligado a la edad de quienes te la intentan quitar. Por ejemplo, en una fiesta de 15 tenés que tenerle paciencia a las chicas, que como todas tienen 14-15 años, no van a buscar a un gil de su edad porque justamente son giles, les falta, todavía no dan la talla para una mina de 15 años. Pero a un camarógrafo bien vestido, atento y buena onda de 19 años se le van a tirar encima como un futbolista a un contrato con el Barcelona. Así fueron mis comienzos con la profesión. Si bien me sentía Hugh Heffner, las tenía que hacer a un lado por esa cosa molesta llamada “profesionalismo”. Yo, en la fiesta, soy la cara de la empresa en la que trabajo y represento los valores éticos bajo los cuales está fundada. Que gran pila de mierda, no? Sobre todo sabiendo que en esa época, uno de mis jefes le rectificaba el buje a la secretaria, mientras le decía a su futura ex que suspendía las vacaciones con los chicos porque salió mas laburo. Pero como nadie lo sabia, yo era la cara de una empresa seria. Asi que de meterse con una quinceañera, ni hablar! Lo único que podes haces es pensar en lo buenas que se van a poner en un par de años. Ah, me olvidaba que también juega eso de la moral y de que son menores de edad, detalles que uno no le presta mucha atención. Por supuesto que esto se agrava a medida que pasan los años; llegás a los 21 y las quinceañeras te parecen que son muy pendejas, después de los 22 “son unas nenas” y luego de los 26 pensás “mas vale que ninguno de estos pelotudos le ponga un dedo encima a mi hija porque lo empalo!” (Sí, luego de los 26 sos oficialmente un viejo). En una boda, los novios no te dan ni cinco de pelota, pero la madre del novio y de la novia, que muchas veces no se soportan entre sí, compiten a ver cuál de las dos está mas en los detalles. Asi que viven buscando al camarógrafo para esto, al fotógrafo por lo otro, al discjokey por lo de acá y al metre por lo de allá. La paciencia divide entre cuatro pero se potencia a la “n”, el poder para romper las pelotas de las señoras anfitrionas mayores de 50 es incalculable.

Pero nunca falta lo bizarro en las fiestas. Siempre hay algo que está de mas, que tiñe el festejo con una sensación de “usted está entrando en La Dimensión Desconocida (tiiirururu tiiirururu tiiirururu)” llegando a preguntarse ¿cómo llegamos a esto si la fiesta iba tan bien? Si no es un tío que canta (o que todos los familiares creen que canta bien y siempre hace una paupérrima versión de “A Mi Manera”), es un imitador de Chayane, o un mago que en cada truco quiere dejar una moraleja estilo Disney o simplemente un grupo que baila regaettón* (que son bizarros por definición). Eso si, hay fiestas que son enteramente bizarras, que absolutamente todos sus invitados son como salidos de un cuento de Lovecraft y hacen de la fiesta, algo temático.

Entre estos dos tipos de fiestas está repartido mi “Top 3 de Fiestas Extrañas Hasta Para Mi”. Ese es el titulo de lo que viene a continuación, si no les gusta, comenten un titulo alternativo. Ahí va:

Nº 3. “Lawrence de Arabia tamaño familiar”

Era una fiesta de 15 años normal, gente linda, buena onda, nada fuera de lo común. En la primera tanda de baile, la que viene después del vals, noto que hay un señor de volúmenes exagerados bailando con una señorita muy bonita y joven. Al tipo se lo veía muy entusiasmado, mas con el baile que con la mina con la que bailaba, además se movía bastante bien para el peso que tenia que arrastrar. Termina la tanda de baile, llega el postre y luego una buena razón para perder el apetito hasta el desayuno y hasta devolver lo que ya se había comido. El DJ anuncia el show de la noche. Hoy no recuerdo cómo era el nombre artístico, pero resulta que el gordo que bailaba efusivamente hace unos minutos aparece cambiado y maquillado, no como payaso, no como mimo ni pierrot, no no… ¡¡¡¡¡como ODALISCO!!!!!

Exactamente como leyeron, no una odalisca, no una sexy mujer interpretando danza árabe muy sugestiva, sino un gordo mas grande que la puerta de mi habitación vestido con anchos trapos, camisa con mangas bolsudas, pantalones como los de Mc Hammer, mucha bijoutería y maquillado. Y cuando digo maquillado no hablo de una delineadita de ojos como hacen algunos cantantes de rock, sino un maquillaje con base, rubor, lápiz labial, sombra en los ojos y resaltador de pestañas.

Empezó con dos delicados movimientos de manos y ahí dejé de pensar que era un tipo, un poco porque no lo parecía y otro poco por instinto de conservación de salud mental, es decir, si seguía pensando que lo que estaba haciendo esos movimientos era un hombre, me iba a dar por loco e internarme en el Borda ni bien termine la fiesta. La cuestión es que el tipo se movía mejor que lo que vi moverse a muchísimas odaliscas mujeres antes y después. Hizo de todo anduvo con una bandeja llena de velas en la cabeza, bailó con bastón, con alas, con esos platillitos que se ponen en los dedos. Y la tremenda mina que estaba con él, estaba medio vestida de árabe alcanzándole las cosas mientras él desplegaba su enorme anti-sexappeal por la pista de baile. Por supuesto que al gordo jamás le pusieron un billete en la enorme cintura. Una de las cosas que hago es grabar un poco a la gente mientras miran el show, pero cuando lo intenté solo vi estas expresiones:

En el video final no quedó ninguna de esas expresiones pero la imagen del odalisco moviendo su excesiva cintura invitando a descubrir los sensual y exótico del medio oriente, quedó grabada en la memoria de todos los que estuvimos en ese cumpleaños. Me quedó una foto capturada del video de ese señor, pero por razones de “derecho de la imagen propia” no la puedo subir a este espacio, porque me metería un quilombo terrible y ya bastante le pagué a un psicólogo para recuperarme de ese episodio (el gastroenterólogo que me ayudó con las náuseas fue gratis, por obra social).

Nº 2 “La Secta”

Un renombrado fotógrafo de la ciudad (Mar del Plata) me llama para cubrir una fiesta de 15 años con él. Acepto de muy buena gana ya que el tipo paga ni bien termina la fiesta y es muy copado laburar con él. Me pasa a buscar por casa y vamos para un ex-cine devenido en templo evangélico. “Primero hay una pequeña ceremonia evangélica antes de la fiesta” me dice. Ok, preparo la cámara y entro al templo. Me da la bienvenida un petiso con un traje gris todo arrugado, yo sigo de largo y me pongo a grabar los pormenores de la previa. La ceremonia, que de pequeña no iba a tener nada, empieza con cantos y oraciones del pastor. La quinceañera estaba sentada en un sillón al lado del púlpito escuchando atentamente los consejos del pastor para “esta nueva etapa que comienza”. Nunca supe qué etapa es la que comienza después de los 15 años para una chica. El que lo sepa, que levante la mano y comente. Ahí va media hora de embole.

Luego, los amigos (bah, los 10 o 12 jóvenes que estaban en la ceremonia) leyeron partes de la Biblia que, según ellos, dan para la ocasión, pero que en realidad las que si daban eran las primeras 2 o 3, las demás eran pura cháchara. Ahí se fue otra media hora de embole, a la que le siguió un pequeño discurso de la pastora, ya hablando de cuando la nena tenga hijos (OMFG!). La cara de la nena empalideció, pero el pastor salvó la jornada llegando al punto más alto de la ceremonia con su bendición. Puso la mano en la frente de la quinceañera y empezó de a poco, despacio, y fue subiendo los decibeles, tanto de volumen como de entusiasmo. Yo ya había hecho fiestas evangélicas, mas que nada bodas, asi que el entusiasmo de esta gente no me resultaba raro, sino pintoresco. Pero cuando el cura se desató ahí si que tuve miedo. Dijo algo así como “¡Vamos a desatar el amor!¡Vamos a desatar la alegría y la esperanza!”. La palabra “desatar” usada así te la imaginas saliendo de la boca de un villano de historietas.

Luego de la ceremonia evangélica nos dirigimos a un salón que queda en el puerto. Fuimos los primeros en llegar, así grabar el salón vacio, los detalles y esas cosas. Hablé con el DJ, un pibe piola que pasa música con la pc, que tenia cara de desorientado. Cuando le comenté del mundo bizarro que se nos venía encima, me respondió “¡Vos porque no sabés la música que tengo que pasar!”. Me dio los auriculares y escuché “Salmo 22. ¡Esta cumbia es para vos, Jesús! Chiquichin chiquichin…” El terror había invadido mi ser y la sangre se me había helado: Había conocido la “Cumbia Cristiana”.

Cuando la gente comenzó a llegar al salón, yo los iba reconociendo como los que estaban en el templo. El salón se llenó y la fiesta estaba completa a excepción de la agasajada que hacia su entrada triunfal mas tarde. Y me cae la ficha: ¡toda la gente que estaba acá era la del templo! Y lo que mas me llamó la atención: ¿esta chica no tiene amigos en el barrio ni en la escuela? Esto sí que es una secta.

En el transcurso de la cena se escuchaba de fondo musica “politicamente correcta” y una bandita que serían los Backstreet Boys cristianos, hasta que el pastor se acercó a la cabina del DJ y le pidió que ponga los discos que le trajo él. No lo podía creer, todo el mundo haciendo palmas en las mesas con la música de Palito Ortega, Leo Dan, Juan “Corazón” Ramón y el resto del Club del Clan (cualquier semejanza con el Ku Klux Klan es mera coincidencia). Me quería hacer una vasectomía con un cuchillo para untar manteca. No sé cómo el DJ se las arregló para ir metiendo mano y meter algo de rock and roll de los 50’s, pero cuando ya sonaban los Beatles (una locura ya, no?) el entusiasmo de las mesas había bajado un poco, y el pastor se volvió a acercar a la cabina. Volvió a sonar Palito Ortega y volvió la fiesta a la cena. Increible. En fin, la fiesta terminó temprano porque lo anterior que conté fue el 50% de toda la joda que hubo. Apenas bailaron temas de Palito Ortega y cumbia cristiana, apenas brindaron con CocaCola, apenas duró hasta las 4 de la mañana. Lo bueno de lo bizarro, es que si es corto mejor. No como el puesto Nº 1 que se viene a continuación.

Bueno, en realidad no, ya se deben haber cansado de leer, y como lo que viene es casi para escribir un libro y no un post, y esto ya se hizo horriblemente largo, lo voy a dejar para dentro de un par de días. Pero acá va un adelanto:

Pasenla bien, pórtense mal, y empanen bien sus milanesas.


*El tio que canta la paupérrima versión de "A mi manera", el imitador de Chayane, el mago pedorro con moralejas marca Disney y la banda de raeggetón son cosas que me tocaron ver tanto desde detrás de la cámara como editando un video de otro camarógrafo. Son cosas reales que puede pasarle a ustéd señora.